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miércoles, 29 de agosto de 2018

La leyenda del peregrino de la piedra

Cuentan las viejas lenguas muchas historias en el Camino, pero no todas las leyendas vienen de antaño. Al recorrer los kilómetros peregrinando a Santiago, el viajero incrédulo se enfrentará a sus recelos y prejuicios, abriendo los ojos del alma a una realidad abstracta que se escapa entre los dedos y, tras un breve instante de suspenso, desaparece en una leve carcajada. Este es uno de esos cuentos modernos, absurdas habladurías que no por ello son menos ciertas por la certeza que les otorga la fe de la autora.

Hace no tanto tiempo, en las áridas llanuras de la Meseta Castellana, un autoproclamado peregrino recorría indolente el sendero que le llevaría hasta el apóstol. Obviando las miserias del polvo, el calor y el agotamiento, había tratado de evitar al máximo las incomodidades inherentes al camino, utilizando en varias ocasiones un autobús para sortear áreas industriales, contratando un servicio de recogida y transporte de mochila y atajando cuando la etapa se hacía demasiado larga. Aún así, como bien sabe todo valiente que se haya embarcado en este tipo de empresas, cada día llegaba cansado y sudoroso al refugio de peregrinos, guardando sus últimas fuerzas para montar en cólera si no encontraba el lugar enteramente a su gusto. No era rara la ocasión en la cual negaba su donativo al lugar a causa de encontrar la cena comunitaria escasa o sosa, o por haber tenido que soportar los ronquidos de algún otro caminante.

Aquel día la etapa había sido especialmente exigente. Paso tras paso, la Meseta parecía crecer frente a él en lugar de hacerse más pequeña y el sol brillaba impasible sin apiadarse lo más mínimo de los que se atrevían a desafiarle. El peregrino, bien provisto de agua y protector solar, apenas dirigió la mirada a la figura que se veía a un lado del camino, un bulto agazapado bajo algo que sería osado llamar sombra, pero un gemido le hizo reducir la marcha.

- Por favor, señor, por favor, necesito su ayuda...

Tras vacilar un momento, el hombre se paró y desanduvo los escasos metros que le separaban del origen del sonido. Un peregrino de edad indefinidamente avanzada yacía sobre un macuto gigantesco adornado con una única vieira blanca, a su lado se encontraba un cayado nudoso de madera y unas botas destrozadas descoloridas por el sol. El viejo habló con lágrimas de dolor resbalando por su rostro:

- Tengo que llegar al próximo albergue, está solamente a un kilómetro, pero no soy capaz de cargar conmigo mismo y con mi mochila. Tengo ampollas en los pies y las piernas no me sostienen más. Por favor, ayúdeme a llegar...

El peregrino se alarmó, seguro de que el viejo intentaba aprovecharse de él de alguna manera.

- Lo siento, viejo, pero no puedo hacer nada por ti... estoy cansado y quiero seguir un poco más, no puedo parar en ese albergue.

- Por favor, señor, solamente es un kilómetro, sé que para usted eso no va a suponer mucho y para mí es todo... vengo desde Saint Jean Pied de Port cargando con mis pecados y prometí llegar para limpiarlos, pero no puedo hacerlo solo.

- Viejo, eso debiste pensarlo antes de venir con esa gran mochila. Mira, puedo llamar un taxi que venga a buscarte, pero he pagado mucho para no tener que llevar peso y poder cumplir con mis etapas previstas. No, lo siento, pero es imposible. Ahora debo seguir o no llegaré a tiempo a mi destino.

Sin escuchar más los ruegos del viejo, el turigrino continuó caminando resuelto, convencido de haber actuado correctamente. Sin embargo, al llegar al siguiente albergue, un cansancio tremendo se apoderó de él, obligándole a parar. A duras penas llegó hasta la puerta y la abrió, entrando a la fresca oscuridad del interior. La hospitalera le comentó que solamente les quedaba la cama reservada a personas con movilidad reducida y que a él, al no llevar mochila, no le estaba permitido pernoctar.

- Si yo sí que tengo mochila... me vi obligado a abandonarla por el camino pensando en recogerla mañana pero, si es realmente necesario, puedo ir a por ella.

En efecto, el turigrino, jadeando por el esfuerzo, volvió al lugar donde había visto al viejo y encontró la mochila ahí abandonada. Miró en todas direcciones, pero no encontró a nadie, así que tomó la mochila y, cargándosela a la espalda, emprendió el regreso. No bien hubo dado un par de pasos cuando el cielo se oscureció y un trueno retumbó ensordecedor frente a él.

"HAS CONTAMINADO MI CAMINO" 

El turigrino, asustado, soltó la mochila y trató de escapar, pero ya era demasiado tarde. El que parecía un viejo se apareció ante él, revelándose como el mismísimo apóstol Santiago y, enfurecido, le habló con la voz de las miles de personas que habían recorrido esos parajes.

"Con tu pereza y tu egoísmo contaminaste mi Camino; tu propia inquina te ha condenado. Vagarás por esta senda cargando con tu penitencia hasta lograr tu redención"

Dicen las nuevas lenguas, las que recorren los caminos centenarios, que cuando se está haciendo una etapa especialmente larga, especialmente dura, es posible encontrarse con el antiguo turigrino. El infeliz, desprovisto de toda mochila o equipaje, camina agotado cargando con una pesada piedra desde Saint Jean hasta Santiago de Compostela. Allí deberá dejarla y hacer todo el Camino a la inversa, tomando otra piedra y llevándola de nuevo al final, así hasta poder construir una catedral que emule en tamaño y forma a la del apóstol. Y añaden que, hasta que no cumpla con su cometido, no hallará el eterno descanso de la muerte.

Si te cruzaras con el peregrino de la piedra no has de temer, se cuenta; solamente dedícale un pensamiento de compasión y prosigue hacia tu destino. Sé humilde, amable, compañero. Al fin y al cabo, la vida es el Camino.



miércoles, 14 de enero de 2015

Definirrima

Estoy hecha de agua y fuego
y de tinta y de papel,
de ideas y de hechos,
de carne, hueso y piel.

Canto a la niebla del agua,
y al polvo de la tierra amé.
De la libertad esclava,
pues del sendero escapé.

En cuanto a mis entrañas,
¿qué plato he de romper?
Si al que escucha estas hazañas
nada le puedo esconder...

No me juzgue por mis palabras,
sino por lo que diré:
"Así que el viento me traiga calma;
yo, tempestades sembraré".


domingo, 23 de noviembre de 2014

Sólo apto para adictos al viaje

Porque hay que buscar los milagros muy fuerte si es que se espera encontrarlos algún día, por primera vez en la historia de este blog publico un vídeo-artículo en lugar de la tradicional palabra escrita.
Cualquier enamorado de los viajes entenderá por qué una lágrima tonta hace por salir cada vez que lo veo. Seguro que sabes a qué me refiero... ¿verdad?





Mil gracias.

sábado, 10 de mayo de 2014

Momentos despiezados

Uno, bonito. 
Cuando, más o menos hacia el mediodía, caminas hacia tu casa envuelto en un manto de bochorno. Y, de repente, una gota no, un goterón choca contra tu hombro. Miras hacia arriba, medio mosqueada, medio agradecida, y aprietas un poco el paso para llegar antes a un techo cubierto. Pero al lagrimón le sigue el llanto, y cuando quieres darte cuenta estás huyendo a la carrera de los chorros de agua que caen del cielo. Es ahí, la lluvia en la cara, los rayos de sol que se filtran en los nubarrones haciendo que todo luzca amarillo, dorado, el calor, el olor húmedo de la tierra, la sed del asfalto. El arco iris que se forma ante tus ojos. Ese momento eufórico en el que corres aunque ya no es necesario: estás empapado y es maravilloso.

Otro, cruel.
El mismo camino, acabas de bajar del autobús. Hace calor, pero del que pica. El sol es despiadado, y tú te sientes despiadada también. Estás cansado, quieres llegar a casa. Todo suda y todo apesta y todo quema. Es sólo un instante, es ese hombre bajito al que se le ve el cartón, con gafas feas y orejas salientes, con un traje azul marino también feo. Todo es feo. Encaja tan jodidamente bien con el momento, que te molesta. Le odias. Le pegarías una patada en su rancio trasero de vendedor de seguros falsos. Observarías cómo rueda por la cuesta abajo. Es sólo un instante. Ahora ya no te molesta, de hecho, te da una cierta compasión. Hay algo triste y patético en él. Jamás le harías ningún mal. Y en la parte de arriba de la cuesta sopla una ligera brisa.

Otro, triste.
En casa, oyes un zumbido (que tu imaginación origina en un enjambre de avispas gigantes asesinas) y te acercas a ver qué pasa. Aliviada, observas que sólo es una solitaria abeja... enorme, eso sí. Te quitas la zapatilla y observas. La abeja choca desesperadamente contra la ventana del pasillo, se enreda en la cortina y se traba en la persiana. Como un ser ciego y furibundo en un laberinto inexistente, haciendo caso omiso a tus débiles intentos de ahuyentarla o acabar con ella. En su delirio, cae mareada al suelo. Te acercas y revive, pero sólo para reanudar con más fervor aún sus intentos de escapar cuando es imposible, empeñada en ir en la dirección contraria a su libertad, guiada por una luminosidad asesina. Al cabo de un rato, el zumbante golpeteo cesa y descubres a la abeja muerta en el suelo. Éste es, es el momento. Cuando, aún con la zapatilla en la mano, te tragas las lágrimas que estaban a punto de salir y vas a por la escoba con un extraño nudo en el estómago.




martes, 31 de diciembre de 2013

Por qué me cae mal Arwen.

   Hace un par de días que los estreptococos me tienen encadenada al sofá de mi casa, lo que, aunque en un principio puede parecer confortable, en seguida se traduce en un terrible aburrimiento. Por eso, en cuanto la fiebre remitió, decidí volver a ver las películas de El Señor de los Anillos, que siempre me han gustado y me han entretenido mucho. En general, adoro lo épico de esta historia que me permite relajar mi conciencia pacifista; es un relato tan fantástico que los malos son Malos y los buenos son Buenos. Y punto. Y esta sencillez moral me encanta, especialmente cuando estoy hecha polvo en el sofá y no me apetece pensar.
Pero hay un personaje que, fuera de las exigencias de su guión, siempre me ha caído fatal. En los libros y en las películas. Y no es un personaje pensado para ser odioso, como el Senescal de Gondor, o repulsivo, como Grima, el secuaz de Saruman... sino para ser algo adorable, amable y encantador. Siendo esto así, ¿por qué narices me cae tan mal Arwen?

   Antes de empezar, quiero dejar claro que no es la actriz, es el personaje lo que no aguanto (aunque la pobre actriz se lleva algo de rebote, como pasa siempre). No aguanto esa actitud de sufrimiento eterno, de sacrificio por el amado, de fragilidad constante... no aguanto que se alaben estas cosas como si fueran buenas y la encumbren como la reina de la valentía y del amor. Porque, ¿en serio pretenden que me trague eso? ¿que la máxima expresión del amor es renunciar a lo que tú eres, a tu familia, a tu esencia, por el destino de otra persona? ¿que lo más deseable en una mujer es que, mientras que medio mundo está en pie de guerra luchando contra el mal, ella yazca enferma y moribunda con la esperanza de que todo salga bien para salvarse? ¿en serio es valentía eso, esperar sin tener la capacidad de actuar, o sin siquiera intentarlo?

   Si esto es así, entonces por mí pueden meterse el amor y la valentía por donde les quepan. Arwen es la suma de los roles femeninos que rechinan: la belleza sin utilidad, la desvalida a la que hay que salvar, la mujer que solamente sirve para aparecer en canciones de amor. No, no la aguanto. Me recuerda que hay quien sigue pensando que este es el mejor papel que puede cumplir una mujer, y eso me da más asco que todas las criaturas de Mordor juntas. Y es que es la idea que se pretende lograr: Arwen como objeto de amor de Aragorn, precisamente por sus "cualidades femeninas". Arwen, la que cumple con el ideal de mujer. Y Aragorn, por supuesto, como macho tipo que es un rey y lucha mucho y muy bien. La pareja ideal, ¿no? Bueno, Aragorn no me cae tan mal porque, al menos, hace cosas. Pero he de decir que dista mucho de ser mi personaje preferido.

   Volviendo a Arwen, también me mosquea que tiene una relevancia en la historia puramente relacional: está ahí por ser la churri de Aragorn. Sin más. Es curioso cómo en las películas buscan excusas tontas y modifican escenas solamente para que aparezca y así rentar el salario que le han pagado a la actriz, porque el personaje no tiene importancia alguna por si mismo. Quiero decir, Arwen no hace nada, el 90% de las veces que aparece es en los pensamientos de Aragorn, lo que le da un papel odiosamente simple. No sirve para nada, no hace nada, solamente aparece si su amado piensa en ella... Arwen no ES nada, es algo en relación con un hombre. Y eso, puesto como papel ideal femenino, me cabrea mucho.

   Por suerte hay más féminas en esta trilogía (no muchas... pero son libros de los 50, creo, ¿qué se puede esperar?). Galadriel... no está nada mal. Es poderosa, mucho. Y Eowin. Eowin es uno de los personajes que más ha contribuido a que me guste esta historia. No es un personaje perfecto, pero es suficientemente grande como para estar en el top 3 de mis preferidos. Es fuerte, ansía la libertad y la gloria propia, no por otros... y no se deja pisar; es rechazada y lo supera con la cabeza bien alta, sin tonterías. Eso sí que es un rol femenino. Pero tanto la historia como la crítica y el público le dan una mayor atención a Arwen que a ella, y eso también me mosquea. Ójala un mundo con mayor admiración por las Eowins luchadoras que por las Arwens dolientes. Ojalá un mundo en que las mujeres luchen por ellas y no sufran por otros. Ojalá un mundo en el que no se considere que esto es generosidad y que es una virtud. Ojalá. Sería más justo.

   Y, es por esto, amigos míos, que no soporto el personaje de Arwen, la elfa del Señor de los Anillos.
¡Feliz año nuevo!



¿¿¿En serio me lo están diciendo???

jueves, 12 de septiembre de 2013

DESCARGAR GRATIS LA RUEDA DEL TIEMPO - UN RECUERDO DE LUZ (EPUB)

Esta es la última entrega de la saga de Robert Jordan "La Rueda del Tiempo", que hoy mismo ha sido publicada en español.


Yo, ingenua de mi, decidí comprar el libro electrónico, porque quería tenerlo con un formato decente, una buena traducción... con una buena calidad, en definitiva. Pero, por supuesto, ya ni pagando son fáciles las cosas. El lector de libro electrónico que tengo yo es uno de los primeros que salieron al mercado, por lo que carece de funciones wi-fi y mierdas de esas que ahora son el pan de cada día, por lo tanto, aun habiendo pagado 10 euros por un libro electrónico (que, recordemos, no tiene gastos de distribución, de impresión, la edición es la cosa mas simple del mundo... etc.) encuentro que NO puedo leer mi nuevo libro, ya que tiene un bichito llamado Adobe DRM (una especie de barrera anti-copia) que me lo impide. Además de eso, me veo obligada a descargar un programa de Adobe simplemente para poder guardar el archivo de MI libro (por el que he pagado) en MI ordenador.
Por supuesto, todo tiene arreglo, y después de investigar descubro la manera de romper esa protección y así poder leer el libro en mi lector.
Por supuesto, romper esta protección anti-copia (y anti-lectores que no sean los que la Casa del Libro quiere) podríamos decir que roza los límites de la legalidad. Para ser legal yo tendría que haberme ido corriendo a comprar un lector nuevo y tirar el mío, que funciona perfectamente, a la basura. Es así, ¿no?
Bueno, finalmente, gracias a la gente de Internet con los mismos problemas que yo y a unos básicos conocimientos de informática he logrado mi objetivo de hoy de tener mi libro.
Pero, a pesar de haber pagado su precio, he tenido que comerme la cabeza, buscar, romper reglas, descargarme cosas... perder mi tiempo. Por culpa de las editoriales y de su afán por que los simples mortales como nosotros no podamos leer un libro sin problemas o sin pagar de más.
Por eso, yo comparto. Es mio y tengo derecho. En el enlace de abajo se puede descargar sin ningún problema y gratuitamente el libro "Un Recuerdo de Luz" de Robert Jordan en formato epub.
Que se jodan.
Disfrutadlo ;)

LA RUEDA DEL TIEMPO - UN RECUERDO DE LUZ (ROBERT JORDAN Y BRANDON SANDERSON) Copia y pega en la barra del navegador:
https://mega.nz/#!kYhU0AQJ

(ACTUALIZADO 08/11/2016)



Si el enlace no funciona, avisadme y lo subo otra vez. Gracias!
Clave de cifrado: !xbuixWFsBIHPRIqMfRhmUj4d554TzeN0VsIr9dsTe7U

domingo, 10 de marzo de 2013

Cuento de hadas (2.1.)

  Desde la distancia se escuchaba el golpear de los cascos contra el suelo. El caballero galopaba en su caballo, loco por recorrer los últimos kilómetros que le separaban de su amor. Sin prestar atención al agotamiento suyo o del animal, continuaba presionándole para llegar al castillo donde yacía lo antes posible, para romper el hechizo antes de que fuese irreversible.
  Quién le iba a decir a él poco antes que llegaría a estar en esta situación. El caballero tenía apalabrado un matrimonio más o menos agradable con una noble menor del reino, lo que le reportaría una vida cómoda y holgada sin muchas preocupaciones. Pero esa boda jamás llegó a celebrarse, no cuando apareció de repente en su vida otra persona que le robó el corazón y le abrió los ojos a la verdad y al amor.
  Pero sus familias no iban a permitir que los amantes destruyesen las vidas cuidadosamente planeadas que tenían para ellos, por lo que contactaron con la criatura más terrible que caminaba sobre la faz de la tierra: la malvada bruja Media, para que resolviese el problema.
  El caballero apretó los puños con rabia al recordar cómo Media había encerrado a su amor en una torre, sellándola con un hechizo de sueño que sólo se rompería, cómo no, con un beso de amor verdadero. Pero la posibilidad de romperlo era limitada. Si se tardaba más de un año y un día desde el momento en el que se formuló el hechizo, éste cobraría demasiada fuerza, condenando a su víctima a un coma eterno hasta el fin de los tiempos, cuando el mundo quedase reducido a la nada más profunda.
  Y el día siguiente vencería el plazo. De ahí la desesperación del caballero por llegar. Había superado demasiados peligros y obstáculos para llegar tarde en el último momento.
  Cuando, un año atrás, le arrebataron lo que más quería, encerrándole en una cárcel para evitar que saliese del pueblo, no demoró mucho en escaparse, y, con la ayuda de una amiga de la infancia, supo dónde habría de dirigirse. Pero la malvada Media no iba a dejar que nadie fuese feliz, ya que se alimentaba del odio, el morbo y la desgracia de las personas; así que lanzó un hechizo sobre el caballero haciendo que todas las personas con las que se encontrase por el camino le viesen como un monstruo horrible y tratasen de encerrarlo o de matarlo. 
  Y así, una multitud le persiguió hasta prenderle y encerrarle de nuevo a la espera de su ejecución. Por suerte,  en ese lugar habitaban dos gemelos huérfanos con poderes mágicos, que les permitían ver las cosas como son y no como parecen ser, y ayudaron al caballero a escapar. El caballero, agradecido, les prometió que pagaría su deuda y que volvería a por ellos algún día.
  Recorrió desiertos ardientes y montañas heladas, sorteando todos los problemas que Media ponía en su camino gracias a su valentía y a su buen corazón. Vivió grandes aventuras y pasó mil penalidades, pero nada parecía lo suficientemente duro para hacerle desistir de su empresa. Resistió lo irresistible solamente con el deseo de llegar, tomar la mano de su alma gemela y besar sus labios una vez más, para poder estar juntos toda la vida.
  Finalmente, con el corazón latiendo desbocado en el pecho, el caballero llegó a la torre, y corrió subiendo las escaleras hasta llegar a lo más alto. Pero Media guardaba un truco más en la manga. Se había disfrazado, tomando la apariencia del padre del caballero, al que éste amaba y respetaba profundamente, y se había colocado en la puerta de la habitación bloqueando el paso.
  Cuando el caballero llegó, el falso padre se echó a llorar diciéndole que cómo había podido hacerle esto, que él solamente quería su bien y que, por favor, volviese a casa y olvidase todo el asunto. Que estaba dispuesto a perdonarle. El caballero dudó, las palabras en boca de su padre le causaron un tremendo dolor en el corazón, ya que no quería decepcionarle. Casi llegó a convencerse, pero cuando se disponía a marcharse resignado se dio cuenta de que, si bien su padre quería su felicidad, ésta no residía en pasar toda su vida negando a quien amaba, así que se lo dijo. La reacción de la bruja fue tan exagerada que el caballero descubrió el engaño, clavándole acto seguido la espada en el corazón y enviándola al infierno del que había salido.
  Por fin, pudo entrar en la habitación. A pesar de la escasez de tiempo se detuvo un momento a contemplar a su amor. Sus cabellos dorados, su piel pálida, sus ojos, que aun estando cerrados, el sabía que eran del color de la miel en verano. Su príncipe.
  Avanzó hacia él, y tomando su rostro masculino de rasgos angulosos, le besó en los labios, rompiendo así la maldición. El príncipe despertó, y cogió las manos del caballero que había ido a salvarle. No dijeron nada, pero su mirada hacía superficiales las palabras.
  Regresaron a su hogar, y de camino, recogieron a los dos gemelos acogiéndoles como si fuesen sus propios hijos. Las familias se alegraron tanto de recuperarles que suplicaron el perdón de la pareja, dándoles su bendición. Se casaron y la boda fue el acontecimiento más importante de todo el reino, durando 4 días y 4 noches. Y, cuando llegó el momento de subir al trono, fueron reyes justos y bondadosos, viviendo felices hasta el fin de sus días.

  Y colorín colorado... este cuento se ha acabado.



lunes, 28 de mayo de 2012

Festivales

  Cuando has ahorrado como buenamente has podido una cantidad considerable de dinero. Cuando viajas en tren cargado con millones de cosas, que nunca son las suficientes. Cuando te has peleado por conseguir un sitio donde, bajo un sol de justicia y sudando a mares, montar tu tienda. Cuando has pasado horas bajo un toldo improvisado con sábanas que no conseguía nada más que mitigar el tórrido calor ambiental. Cuando has comido bocadillos con hierbas secas pegadas. Cuando has tragado tanto polvo que tu garganta sigue escociendo dos días después. Cuando has dormido en el suelo y tres horas más tarde el sol ha convertido la tienda en un horno, despertándote bañado en sudor. Cuando has pasado dos días sin ducharte y tu pelo se ha convertido en una gran rasta. Cuando has acabado dolorido de la cabeza a los piés, afónico, abrasado, golpeado, agotado... entonces, has ido de festival.

  Cuando te has reído a carcajadas 20h al día. Cuando los vecinos de tienda te han invitado a bebidas frías. Cuando has conseguido improvisar un toldo que dure dos días. Cuando has metido la cabeza en la ducha para refrescarte. Cuando has ido medio desnudo durante todo el día. Cuando ni a ti ni a nadie le ha importado tu aspecto. Cuando has desayunado cerveza. Cuando has hecho ejercicio dando saltos en todos los conciertos. Cuando te has puesto moreno. Cuando has visto 9 conciertos y has alucinado en todos ellos. Cuando has cantado a gritos rompiéndote la voz. Cuando has ido corriendo de un escenario a otro una y otra vez para no perderte nada. Cuando te han subido a hombros en un concierto y has visto a miles de personas en el público. Cuando te has sentido parte de algo inmenso. Cuando se te han saltado las lágrimas de la emoción en una canción. Cuando te has abrazado a tus amigos para las partes lentas. Cuando tu corazón late a ritmo de grunge, tu cabeza se mueve en un perfecto headbanding, tus piernas bailan rock&roll resistiendo cualquier tipo de cansancio, y tú eres feliz, inmensamente feliz por estar ahí... entonces, amigo mío, has vivido un festival.

jueves, 5 de abril de 2012

Demonios

Todo el mundo tiene sus demonios, eso está claro. Los de unos hacen que la Corte Infernal al completo parezcan hermanitas de la caridad, y los de otros son meros diablillos, más parecidos a mosquitos que a otra cosa. Estos últimos son los más normales, los que te pinchan.
Te pinchan para que hagas cosas o te meten miedo en el cuerpo. Pican en la base del estómago, y entre los pulmones, y tú los notas. Quieres sacarlos de ahí. Estos pequeños demonios, que parecen inofensivos, pueden acabar creando amargas llagas de frustración. Y no quieres eso.
Malditos... te azuzan, te meten prisa, te recuerdan algo que quieres que pase o eso que ojalá nunca hubiese ocurrido. Te empujan a saltar. Y tú, indefenso mortal, ¿qué puedes contra ellos?
Cuando te están susurrando que los veranos se escapan deslizándose, mientras tú sigues siendo el objeto de su perverso juego... ¿cómo deshacerte de ellos? Lo peor es que lo sabes, ellos te lo dejan claro. Y también se encargan de asustarte para que no lo hagas, que pongas excusas.
Es el eterno dilema, ¿acción o reflexión? Ellos te empujan a valorar los pros y los contras, a razonar; mientras que te insinúan que te dejes llevar por la pasión. Te embriagan y te fustigan.
¿Valorar o arriesgar? Quizás esto sea lo que te salve. O quizás lo pierdas todo. Quizás lo más seguro sea guardarlo en tu caja con forma de corazón hasta que se apague del todo y muera. Pero estos estúpidos mosquitos no te dejan, no callan jamás. Sólo puedes ahuyentarles tú, o te comerán vivo. Pero tienes tanto miedo a no ser capaz de aguantar la caída...
Se burlan de ti, estás doblegado a ellos. A veces dejan de susurrar y gritan, te gritan al oído:
"Es tu decisión".


Morid, malditos... morid.


miércoles, 28 de marzo de 2012

Rabia

¿Puedes sentirla? Está en el estómago. Y en el hueco que hay entre los ojos.

Nace como una explosión, que va calentando tus órganos. Pero no con un calorcito gustoso, sino como algo venenoso y chirriante. Se extiende rápido, y trata de encontrar una salida por alguna de esas puertas que tiene tu cuerpo.

Una son los ojos. Amargas lágrimas de rabia.

O también la boca. Desgarrados gritos de rabia.

Pero hay más. Las manos, una útil herramienta, dañinas, expresan indudablemente bien el rabioso sentimiento que tienes. También son peligrosas. Porque la rabia te ciega, te nubla, te roba la razón. Es pasional.

Nunca es fría ni calculadora. No es venganza, se transforma en ella cuando fermenta en tu interior. La rabia es pura y atronadora, como un torrente que arrastra todo a su paso. Es irracional.

De cierta manera, es hasta hermosa. Te enciende. Te hace esclavo de tus sentimientos. Más humano, y menos humano. Dar rienda suelta a la rabia es hasta un acto placentero. Es expulsar la ponzoña.

Pero cuidado. Ten mucho cuidado.




Metafóricamente alcohol.

- Por ejemplo, mira tu cubata, ¿está medio vacío o medio lleno?

- Hmmm… todavía queda algo de ron que beber.

- Eso es que eres optimista, ves el vaso medio lleno.

- Lo malo es que ya no nos queda más… aunque nos queda cerveza.

- Ya… pero no es lo mismo.

- Eso es ser realista. Y mañana podremos comprar más ron.

- Bueno, también es verdad. Mientras tanto, bebemos cerveza.

- Como la vida misma: cuando se nos acabe lo bueno, buscaremos algo que lo sustituya, aunque no sea lo mismo. Pero nunca perderemos la esperanza ni dejaremos de luchar por conseguir algo mejor, lo que realmente deseamos.

- Metafóricamente hablando, claro.

- Por supuesto.

jueves, 3 de noviembre de 2011

No te engañes, se te nota.

Tienes ansias de desequilibrio. De perturbación.
No hay demencia en el mundo lo suficientemente grande para colmarte.
Lo quieres todo. Hoy lo quieres todo.
Caminas y el suelo se agrieta a tu paso. Lo puedes todo.
La llanura más desolada te causa claustrofobia.
Quieres correr, quieres volar, quieres parar.
No te sirve con el tiempo, hoy no. Necesitas un torbellino. Algo que te llene, y al irse te limpie.
Que te renueve.
Necesitas fuego y agua a la vez.
Ansías lo imposible. Nada es imposible.
Te beberías el amor del mundo y seguirías sediento. Con el odio también.
Un brillo febril se adivina en tu cara.
Quien te mira, se acerca. Quien te ve, guarda las distancias.
Necesitas volverte loco. O loca. O que te vuelvan loca.
Locura silenciosa, pero efectiva. Que te satisfaga. Que te turbe.
Algo distinto de lo convencional. O no. O simplemente auténtico. Quieres algo más, y que no te extrañe.
Eres la diferencia dentro de la normalidad.
Eh, tú; sí, TÚ.
Eres original.


miércoles, 13 de julio de 2011

Verano

- Un chocolate caliente en un vaso de plástico. Una noche estrellada. Unos 20º de temperatura, refrescados por la brisa estival. Vaqueros largos. Un jersey grande, de esos que cubren las manos. Una charla con alguien; no importa si es trascendental o no. Respirar el olor de los pinos. Sonríe, ¿puedes sentirlo? Es el verano.
Momentos en los que no importa nada más allá. Sólo el aquí y el ahora.
Parece como si tu vida mereciese la pena, todo tiene sentido. Las preocupaciones se esfuman al sentir el chocolate bajando por la garganta. Te llena de felicidad, te llena de vida. Vida tranquila que se desliza por tu ser sin ninguna prisa, despacio, cálida.
Piensa en ello cuando madrugues para trabajar, o cuando los estudios amenacen con devorarte. Cuando, sea por el motivo que sea, preferirías no estar aquí. A veces es duro pero, querido amigo, sólo aquí se bebe chocolate. Sólo aquí es verano. Éste es el mío, ¿y el tuyo?

- El mío es éste.

- Digo el momento, tu momento de verano.

- Pues éste. Aquí. Contigo.

Gracias a todos, por todo.


sábado, 2 de julio de 2011

Ascenso

    Dos montañeros peleando contra la naturaleza por el premio de la cima. Como compañía, uno del otro; se entiende que es forzosa la convivencia, pero no por ello menos agradable. Ambos escogieron ser compañeros.

    Al principio la marcha es fácil, apenas un paseo, la frescura y el verdor abundan por doquier y al respirar se huelen perfumes ligeros de flores que salpican el camino; una maravilla, vamos. Los insectos son pequeñas molestias que apenas se tienen en cuenta.

    El camino se va empinando, descienden las temperaturas y poco a poco el verde se va reduciendo a unos matojos grisáceos al borde del camino. Esto hace sonreír a los escaladores, el desafío real se acerca, poner a prueba su valor, su resistencia, alcanzar la meta... es por lo que emprendieron el viaje. Gente previsora, iban preparados: para el frío, abrigo; para el tortuoso camino, unas buenas botas; algo de comida... y siguieron el ascenso emocionados y motivados al máximo.

    Pero, ¡ay! amigos, la montaña es más dura de lo que se podría suponer. La madre natura rebosa orgullo, y suele tratar de castigar a aquéllos que osan desafiarla. No todo ser humano tiene lo que se debe tener para vencer en estas lides. Así que el abrigo pronto pasa a ser insuficiente para mantener el calor, las botas son demasiado blandas y la comida se termina antes de lo previsto. Los dos compañeros siguen adelante a duras penas, determinados a ganar o a morir en el intento, pero incluso esta sólida relación va siendo minada por lo extremo de la situación. "Si se perdiese, tendría más comida para mí solo", piensa uno; "si cayese, me pondría su abrigo", piensa el otro. Luego se miran a los ojos y apartan la mirada, avergonzados y asqueados consigo mismos... después de todo lo que han pasado juntos... ¿cómo pueden pensar así? El sufrimiento, queridos míos, nunca fue buen consejero.

    Llega un momento en el que el camino desaparece, todo es un ascenso vertical. Sacan el equipo de escalada y continúan la marcha. Ya queda tan poco para llegar a la cima que parece increíble que estén de tan mal humor. Discuten casi continuamente por tonterías, y durante la noche, apenas hablan. En una ocasión, el que va encima resbala y cae, siendo salvado por el otro. "¡Ha faltado poco!" dicen sentándose en un saliente para recuperarse del susto. Por primera vez en días se sonríen, casi pueden oler la meta. Se ponen de nuevo en marcha, en el mismo orden. Y cuando están a escasos metros de culminar el ascenso, el primero se da la vuelta y grita algo. Sus palabras se pierden en el viento y la nieve, y el de abajo no le entiende. Le hace gestos para que le alcance. Cuando llega a su altura le pregunta "¿Qué decías?" su amigo sonríe "Nada, nada... que todo lo que sube, baja" y acto seguido le propina un empujón que hace que se precipite al vacío.

    La montaña tragó su grito y su cadáver. El otro observó tranquilamente la caída y cuando lo perdió de vista se encogió de hombros y siguió subiendo. Dos palabras en su cabeza hasta que él solo coronó la montaña:


"ascenso... descenso".



miércoles, 4 de mayo de 2011

Yo soy libre, tú eres libre

Discurso acerca de la libertad de expresión redactado para un trabajo de clase.

En los medios, en los libros, en la clase, en la calle… está presente algo de lo que todos hemos oído hablar alguna vez: libertad de expresión. Es un concepto relativamente nuevo, recogido en la Declaración de los Derechos Humanos. Pero, ¿qué es realmente? ¿Consiste en expresar cualquier idea? ¿Tiene límites? Habría que reflexionar mucho sobre ello, como lo han hecho tantas personas anteriormente. Porque la complicación de la libertad de expresión es la misma que la de la libertad a secas: la tuya termina donde empieza la del otro.

Esto en la teoría es algo eminentemente conocido. Cualquier persona civilizada hoy en día aboga por una libertad de expresión acerca de todo y para todos. Pero en la práctica… ahí comienza lo difícil. ¿Qué es lícito decir y qué no lo es? Se considera que debe callarse aquello que ocasione daño a otros, midiéndolo según el alcance, la duración y el valor social del discurso, la facilidad con que se puede evitar, los motivos del orador, el número de personas ofendidas, la intensidad de la ofensa, y el interés general de la sociedad. Pero se corre el riesgo de no saber sopesar estos daños, tanto por exceso como por omisión. Y esto, suponiendo que se sigan a rajatabla las anteriores directrices.
En la práctica, las cosas no son fáciles. Hay alguien que está al mando, por supuesto, y poco o mucho, los intereses de ese alguien influirán en la libertad de expresión. Mirando hacia las altas esferas, los medios de comunicación de masas, podemos contemplar un ejemplo muy claro. Cadenas de televisión politizadas por el gobierno y la oposición, periódicos partidistas… son el pan de cada día para todos. Pero, eso sí, si a la multinacional de turno no le interesa que algo salga publicado, no saldrá.

Hay algo que ha revolucionado la libertad de expresión: internet. Uno de los mayores avances en la comunicación. De pronto, la gente de a pie tiene el poder de publicar sus ideas, sin censura, y de hacerlas llegar a cualquier rincón del mundo. Por supuesto, también tiene limitaciones: no todos tienen acceso a esta red. Pero aun así, es un gran paso, y alimenta la esperanza de que algún día se pueda contar con medios alternativos, sin vetos y lo más veraces posibles.

Pero no hay que subir tan alto para hablar de la libertad de expresión. En la calle, hace falta un poco más de comprensión. Me explico; pedimos libertad para todos, pero sólo damos libertad a quien piensa como nosotros o similar. A quien tiene ideas socialmente aceptadas por la mayoría; o por la mayoría de la comunidad del lugar, por lo menos. Y esto es un gran fallo. Hasta que no aprendamos que cada uno es libre de pensar y opinar lo que crea conveniente, no habrá libertad de expresión. Por supuesto que hay límites, y estos límites están precisamente en la anteriormente citada Declaración de los Derechos Humanos. Si violas algún derecho, si dañas a alguien en mayor o menor medida, pierdes el derecho a ser escuchado. Y todos sabemos a lo que me refiero con dañar, que no es precisamente denunciar a un político corrupto o destapar una red de espionaje. Dañar es privar a los otros de sus derechos. Así de simple.

Y así volvemos al principio, a la complicación de respetar la libertad de expresión. No es fácil respetar algo que va en contra de tus intereses, o una opinión que tú juzgues equivocada. Pero nadie dijo que fuese fácil. Nadie ha dicho que tengas que callar tus opiniones, sencillamente tienes que dejar a los demás tener las suyas. Y todos y cada uno de nosotros, especialmente los que pretendemos trabajar en los medios de comunicación, hemos de construir una información libre, sin censuras por el interés. Luchar por una libertad de prensa fundamental, como informadores y como espectadores que somos. Porque el saber hace más difícil la manipulación, y todas las personas se merecen esa ventaja. Porque nos da libertad, y la libertad siempre ha sido y será uno de los principales derechos del ser humano.


viernes, 3 de diciembre de 2010

Por mucho que adore las palabras:

Hay cosas (una melodía, una imagen, un discurso...) que te hacen sentir tanto que crees que el corazón te va a explotar en el pecho, aunque en la práctica todo se resuma a un par de lágrimas compañeras deslizándose por tu cara o enjugadas rápidamente con el dorso de tu mano. Intentarás que nadie te vea, porque podría preguntarse qué te pasa y ahí te verías en una difícil situación: las palabras, fieles y útiles esclavas en otras ocasiones, te habrían traicionado y te darías cuenta de que ni un millón de ellas podrían empezar a esbozar lo que tú tienes dentro. Decir algo en esos casos implica comprimir algo tan puro como un sentimiento en algo tan corrupto como una palabra. Pero, vives en sociedad, ¿verdad?, así es que te tienes que someter a las normas sociales y contestar. Miente. O sé sincero, por difícil que sea. Te preguntarás ¿cómo voy a decirle que no es ni alegría ni penar, que simplemente es sentimiento?. Bueno, al fin y al cabo estás lleno de recursos, y otros antes que tú ya han dado un nombre (a mi gusto escasísimo, pero socialmente válido) a esto: llorar de emoción.
Y no le des muchas vueltas, todo ser sensible lo vive varias veces. Y quien no... bueno, supongo que él se lo pierde.


lunes, 15 de noviembre de 2010

Cuento de hadas

Erasé una vez que se era y volvió a ser...
Un príncipe. 
   Guapo y aguerrido como ninguno, recorría las tierras de su futuro reino en un caballo blanco de largas crines plateadas. Portaba una espada que llameaba a la luz del sol y una majestuosa capa escarlata. Se decía que su sola mirada hacía temblar a los enemigos y desmayar de amor a las damas. También se decía por aquel entonces que había vencido al horripilante y poderoso Dragón Negro con los ojos vendados y su espada como única ayuda. Los juglares cantaban sus andanzas a lo largo y a lo ancho de este mundo y todo el reino le amaba. 
   Pero un buen día, al salir de su castillo, el apuesto príncipe se quedó asombrado. La razón era que lo que antes fueron altas y nevadas montañas, verdes y fértiles valles y dorados campos de trigo había desaparecido. En su lugar se alzaban edificios grises y endebles, algunos altos, otros más pequeños, y desiertos de hormigón, cristal y cemento. 
   Los amables y alegres lugareños, que siempre habían vivido en la abundancia y en la felicidad también se habían marchado, siendo sustituidos por gentes hurañas que protestaban en la calle con pancartas y extrañas banderas. Sin entender nada aún, nuestro joven amigo se dio la vuelta para comprobar que su flamante y señorial castillo había dejado paso a un edificio alto de acero con grandes ventanales y grandes letras en la fachada que iluminadas de una forma artificial y fría anunciaban : "BANCO". De él salían unos hombrecillos ataviados con ropas tan monótonas como la construcción. Uno de ellos reparó en el príncipe, pero antes de que nadie pudiese hacer nada, el joven huyó a lomos de su leal corcel en busca de una explicación. 
   El heredero se dirigió donde antes moraban los sabios del reino, pero su desolación aumentó al ver que la Casa de Enseñanza se había transformado en un edificio más de los que poblaban la vista por doquier, y que los maestros y sus atentos discípulos que aprendían las artes y las ciencias habían sido cambiados por multitud de jóvenes con el hastío pintado en la cara y que ensuciaban el lugar aún más de lo que estaba.
   De repente vio a lo lejos una multitud que se acercaba hacia él y le rodeaba. Imposibilitado de escapar, no tuvo otro camino que bajar del equino para tranquilizarlo y evitar que hiciese daño al gentío. Intentó hablar para apaciguar a aquellas extrañas gentes, pero fue en vano, ya que éstas habían perdido la capacidad de escuchar. Poco a poco fue rodeado y finalmente arrollado por esa masa en la que apenas se podía vislumbrar un rostro humano único. Su noble montura consiguió escapar huyendo, pero fue capturado en el campo. Le cortaron sus crines y le obligaron a correr carreras sin sentido, hasta el fin de sus días. 
   El valeroso príncipe sucumbió, aquél que había derrotado a enemigos a miles, a los que por compasión perdonaba la vida; que había llevado la paz y la felicidad a su reino ,y cuya única meta era ser un rey justo y bondadoso casado con la hermosa e inteligente princesa de la que estaba enamorado, encontró así su triste final. Por desgracia, nadie vivió feliz ni comió perdices en esta historia.

   Es lo que sucede en un mundo donde ya no existe el amor, el valor, la nobleza, la sinceridad y la pasión. Un mundo en el que no hay lugar para héroes.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Morbosidad inherente

Hace tiempo vi una película, de la que ahora mismo no podría decir el nombre. Era una de estas pelis malas de miedo que vemos cuando no tenemos nada mejor que hacer.
El tema, creo recordar, era la historia de un hombre cuya madre había muerto en un aparatoso accidente en un puente. Ese accidente se había divulgado por la red y mucha gente lo había visto y comentado, e incluso se habían reido de él. Y eso al hombre le enfurecía. Obviamente, era un desequilibrado, con ciertos impulsos psicópatas bastante sádicos.
Para vengarse, este individuo escogió una técnica, cuanto menos, bastante creativa: creó una página web desde la que se podía ver lo que grababa una webcam. Esta cámara enfocaba a una víctima (la primera fue un gato, después personas variadas) que se encontraba atrapada en una especie de "trampa mortal" que variaba según la víctima. Según las visitas que recibía dicha página web, la trampa se activaba y ocasionaba la muerte a la víctima a mayor o menor velocidad, según la afluencia de visitantes. Por ejemplo, una de las personas estaba atada dentro de una urna vacía, que con cada visita se iba llenando de ácido.
El punto fuerte del tema es que si nadie hubiese visitado dicha web, no hubiese sucedido nada a la persona que se encontraba atrapada.
Los protagonistas son los policías que investigan tratando de encontrar al criminal, intentan el cierre de la web pero es imposible (no se nada acerca de esto, y no recuerdo el por qué exacto), y entonces no se les ocurre mejor idea (como en toda peli de miedo que se precie, son un poco gilipollas) que sacar por las noticias la dirección de la página diciendo a la gente que NO se metan y el por qué.
¿Hay mayor tentación que la de pulsar el botón rojo? Somos humanos, señores, y total... si nadie se iba a enterar y era solo una miradita...
Por supuesto, las visitas aumentaban a un ritmo vertiginoso. Y cada visita convertía a una persona anónima de internet en un asesino.
¿El final? Eso no es importante, a lo mejor el lector se encuentra un día con esa película y se acuerda de mí. O no.
Y ahora, puestos en antecedentes, la pregunta del millón que me ha llevado a contar toda esta película: ¿Hasta dónde podría llegar este gusto por el morbo tan arraigado en la raza humana?
o ¿Qué somos capaces de hacer si se nos garantiza el anonimato?



Piensa en ello ¿Tú habrías mirado?

miércoles, 27 de octubre de 2010

Esto va por esos días...

Esto va por esos días en los que no quieres saber nada del mundo. ¿Lo has sentido alguna vez?
En los que todo parece gris, cansado, aburrido y doloroso.
Que quieres meterte en la cama y no salir en tres meses o, mejor aún, huir a otro país en el que nadie te conozca y ni siquiera hablen tu idioma.
También te valdría quedarte en casa, sumergido en libros, películas o videojuegos, meterte en su mundo de fantasía y olvidar que hay algo ahí fuera.
Pero, persona social y racional que eres, no lo haces. ¿Por qué? Muy sencillo. Sabes que esos días son pasajeros, y que en un tiempo (quizás al día siguiente o dentro de una semana) volverás a querer salir, hablar con los demás, contactar con tus amigos e irte de fiesta toda la noche. Y unos pocos días "tontos" lo estropearían todo.
Así que te obligas. Pero es duro. Te obligas a hablar con tus compañeros de clase, y a hacer trabajos en grupo. Te obligas a ir a lugares donde sabes que vas a encontrar a tus amigos, aunque sepas que por algún motivo, te vaya a resultar doloroso. Haces un esfuerzo y llamas a gente para quedar con ellos y tomar algo, y les envías mensajes. Todo esto mientras te prometes a ti mismo que dentro de poco te irás de vacaciones tú solo, que te tomarás un descanso.
Por esto, mis palabras hoy van por esos días. Quisiera hacerles un corte de mangas y sacarles la lengua, repitiendo "Desánimo, no puedes conmigo".
Y también van por nosotros, los valientes que "con un par" afrontamos todo con la cabeza bien alta.
Un aplauso por nosotros, así el mundo vale la pena.

miércoles, 24 de febrero de 2010

The biggest joke

Nuestra vida es una broma, en sí misma, para eso no existe discusión posible. ¿Por qué? Bueno pues por varias razones:
1- Está científicamente demostrado que el ser humano es anatómicamente débil, lento, torpe y miope. No tiene duras defensas con caparazones o escudos. No tiene garras afiladas. Al parecer, somos un auténtico error de la naturaleza. Supuestamente sobrevivimos por nuestra inteligencia y nuestra capacidad de adaptación. Ésta última ha ido mermando hasta ser casi nula, sólo queda la inteligencia. Miremos un periódico, una noticia al azar: "un joven de 17 años es asesinado por una deuda de 5 euros". ¿Hace falta decir más?
2- Funciones vitales de cualquier ser vivo: Nacer, crecer, nutrirse, reproducirse, morir. Funciones vitales del ser humano: Nacer, no crecer nunca, pudrise por dentro con distintas sustancias, hacer el menor daño posible, morir (o congelarse, que no sé si se considerará morir, ya que te van a "reanimar"...) y eso de las buenas personas.
3- Vivimos cada vez más rápido, intentando llegar a más, aspirar a más, ganar más dinero, tener más poder o un coche más grande. Acumulando dinero para... ah, sí! para vivir un par de años rodeado de lujo y opulencia y morir. Eso sí, el entierro será precioso.
4- El ser humano no tiene los instintos animales muy desarrollados, pero tenerlos, los tiene. Pero no tiene cómo enfocarlos. Y eso desata comportamientos negativos ante otros seres humanos (véase: celos, rencor, rabia, intolerancia... y un demasiado largo etc.). ¿Solución? No hay. Somos los únicos animales que no pueden vivir como tal (se nos merendaban a todos en una semana).
5- Nos interesa de manera descomunal la vida de personas que ni se dignarían a mirarnos a la cara. Hay quien se sabe la biografía completa de ex-esposas de toreros que lo más interesante que han hecho en toda su vida es... no sé, intentaba darles una oportunidad, pero no se me ocurre nada. ¿Y la "pasión deportiva"? ¿Eso de llorar cuando tu equipo (que ni tú sabes por qué lo sigues) pierde más que cuando te echaron del trabajo? Y no me meto en reality shows...
6- El ser humano se obsesiona con cosas absurdas. Desde ser una modelo de la talla 34 y con una 95 (por lo menos) hasta convencer a absolutamente todas las personas de la Tierra y el espacio sideral de que tu religión/ideología política/equipo/color de pelo son los mejores y los únicos que valen. Otros se obsesionan con comprender lo incomprensible, otros con que su país sea más grande y tenga más dinero. Otros están obsesionados pensando que el vecino (de piso o de país) es el demonio personificado. Otros simplemente quieren tener más que nadie. Otros se obsesionan con temas románticos, pero eso es otra historia (igual de absurda, por cierto).
7- La mejor razón por la que estoy convencida de que la vida es una broma es la razón misma de la vida. Todos le buscan sentido, y nadie nunca será capaz de encontrarlo, al menos un sentido universal. De todas formas, ¿qué clase de mierdecilla somos comparándonos con el universo? y lo que no sabemos... pero nosotros erre que erre, siempre queremos lo que no podemos lograr.

¿No es de coña?

Amigos míos, la vida es una broma, una gran broma, la más grande de todas. Lo mejor es tomársela como tal. Con media sonrisilla irónica siempre a punto para cuando te pille desprevenido.