domingo, 27 de marzo de 2011

Cuento de hadas (2.0)

- ¿Princesa, qué es lo que tienes, que tus lágrimas llenarían un mar?
- Nada, bufón, nada ocurre, simplemente acudieron a mis ojos sin avisar palabras hermosas de cuentos imposibles y la única forma de quitarlas fue llorar.
- Pero, oh, mi princesa, si tan bellas eran, no debiste dejarlas marchar.
- Ingenuo bufón, en tu ignorancia no deberías aconsejar, ¿acaso no es harto conocido por las gentes de todo lugar que las cosas más refinadas hay que hacerlas marchitar? El temerario que no lo hiciese correrá un riesgo sin par: podría temer perderlas, podría empezar a amar.
- El amar es algo extraño, algo doloroso quizás, pero no todo lo bello es digno de tu penar; pues, ¿esas palabras se podrían con otra cosa comparar?
- ¿Comparar? Insolente bufón, ¿hasta dónde quieres llegar?
- Le ruego que me perdone y apelo a su bondad, pero he de ser más franco si esta lucha deseo ganar. Las palabras más hermosas, escritas o por escuchar, jamás podrán ser siquiera esbozadas en el pensar mientras exista otra belleza, otra pureza, otro afán. La rosa de las flores, la reina del panal, vuestra efigie, princesa, nunca debería acabar.
- Sabes, bufón, he de reconocer que me has hecho pensar, y perdida en el discurso de mi mente al planear he decidido algo, y nada me detendrá.
- ¿Qué es, princesa?
- Jamás seré princesa, sino mujer de verdad, correré por los bosques y nadaré en el mar. Quizás escale montañas, el frío y el calor me temerán. Los animales salvajes de mi lado huirán, saldré victoriosa de las batallas que me quieran presentar, y cuando lo haya visto todo, cuando ya no pueda más...
- Me asombráis, ¿qué ocurrirá?
- Entonces volveré aquí y podré recordar sin llorar las palabras tan hermosas de cuentos de no acabar que ahora, por miedo, he dejado marchar. Si aún me encuentras bella, si me quieres apreciar; oh, mi fiel bufón, en mi viaje me puedes acompañar.

- Pufff... lo siento, joder, es que... bueno, verás... me gustas mucho y tal, pero creo que paso de ti. En realidad sólo has sido un reto para mí, por pasar el rato y no estoy pillado, ¿sabes? Ya ves, es que a mi me molan las princesitas que son débiles y nunca dejan de ser princesitas o de llorar.
Eso es la feminidad, ¿no?

3 comentarios:

Anónimo dijo...

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA

dios me ha encantado, que cortada de rollo más grade al final! estaba yo ya tan imbuida por la rima que me ha chocado muchísimo! muy bueno compi en serio, de aquí al novel :)

Belén.

Anónimo dijo...

Buenísimo texto señorita Ginebra

Me gustaría objetar algo sobre la ultima parte:

Si te resumieron así la feminidad en mi humilde opinión fue mal interpretada.
No deseo creer por lo mas mínimo que esa fuera vuestra interpretación porque pensare que no prestasteis atención a las palabras.
Si eso es lo que creéis respetare vuestra decisión pero no ganareis nada con ella.
Atentamente un servidor que la aprecia y la valora(aunque usted no lo crea)

Ginebra dijo...

Al segundo anónimo:
La última parte de este pequeño cuento de hadas es fruto de un cabreo monumental y de una interpretación (exagerada y pesimista) de los actos de la sociedad en general.
Pretende ser irónico y amargo, no una opinión real ni basada en un hecho concreto. Quizás debería incluir el texto en la etiqueta "crítica crónica", porque en realidad indirectamente lo es.
Además, es lo que salió, este cuento no estaba pensado (se "escribió solo").
Un saludo a todos los lectores de mi blog.